Dicen que nadie nos enseña a ser padres
y creo que es cierto, pero en mis padres tengo por lo menos un gran ejemplo de
cómo serlo.
Cuando mi madre me ponía a limpiar mi
cuarto y organizar mi ropa, y en ocasiones lavar trastes, barrer y trapear,
aprendí el habito del orden y la limpieza, y a valorar el trabajo de un ama de
casa, que puede sin sueldo ni prestaciones, trabajar lo mismo o mas que el
esposo que sale a hacerlo en una empresa.
Cuando mis padres me llevaron al rancho
a trabajar para ayudar a mis tíos a construir su casa cargando tinas de
piedras, arena, adobes y haciendo pozos, aprendí lo que es el trabajo duro de
un albañil y no me gusto serlo, pero admiro su trabajo.
Cuando durante unas vacaciones de
semana santa me llevaron dos semanas al rancho a piscar papa levantándome a las
6:00 a.m., con un frio que calaba hasta los huesos, aprendí lo que un campesino
tiene que hacer para llevar el sustento a su casa; también aprendí esas
vacaciones que un delicioso taco de frijoles puede saber mejor que 10 de carne
asada si llevas 6 horas con las manos metidas en la tierra llenando arpilleras
de papa.
Cuando mi padre me levantaba a las 4:00
en vacaciones para ir a vender periódico, aprendí lo que el tuvo que hacer por
necesidad siempre, no solo en vacaciones; y aprendí también a perder la
vergüenza para hablar ante la gente cuando gritaba: “¡¡¡Extraaaaa, norteeeee,
metrooooo…!!!”
Aprendí de mi madre a admirar la
belleza de naturaleza cuando en cada oportunidad me invitaba a admirar los
paisajes del campo, la luna llena, un bello atardecer o amanecer.
Aprendí que santa clos si existe, al
igual que el ratón de los dientes.
De joven nunca entendí la frase de mi
papa: “Todo llega a su tiempo”, hasta que de adulto, a su debido tiempo la
entendí.
Con la frase de mi madre: “Si las cosas
fueran fáciles, todo mundo las haría…” aprendí que nada llega gratis y tienes
que trabajar para lograrlo.
Mi papa y mi mama trabajaban ambos para
darnos lo mejor a mis 3 hermanos y a mí, y me enseñaron que no tienes que pasar
todo el día con tus hijos para educarlos, si el poco tiempo que pasas con ellos
se los dedicas de forma adecuada.
Se que no soy el mejor ser humano, ni
el mejor hijo, ni el mejor esposo, ni el mejor profesionista, ni el mejor
ciudadano, soy simplemente Ricardo Torres Esparza, hijo de Don José Trinidad
Torres Doñes y Doña Juanita Esparza Cardona, ¡A mucho orgullo!
Gracias Dios por los padres que me
diste, Feliz 38 Aniversario de Matrimonio Mamá y Papá
PD: Pido a Dios nos de a mi esposa y a
mi, lo necesario para que nuestra hija Alondra algún día pueda decir lo mismo
que digo de mis padres.

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